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POPOL VUH (03)
En seguida fecundaron a los animales de las montañas, guardianes de todas las
selvas, los seres de las montañas: venados, pájaros, pumas, jaguares,
serpientes, víboras, [serpientes] ganti, guardianes de los bejucos. Entonces
los Procreadores, los Engendradores, dijeron: "¿No habrá más que silencio,
inmovilidad, al pie de los árboles, de los bejucos? Bueno es, pues, que haya
guardianes"; así dijeron, fecundando, hablando. Al instante nacieron los
venados, los pájaros. Entonces dieron sus moradas a los venados, a los pájaros.
"Tú, venado, sobre el camino de los arroyos, en las barrancas, dormirás; aquí
vivirás, en las hierbas, en las malezas; en las selvas, fecundarás; sobre
cuatro pies irás, vivirás". Fue hecho como fue dicho. Entonces fueron también
[dadas] las moradas de los pajarillos, de los grandes pájaros. "Pájaros,
anidaréis sobre los árboles, sobre los bejucos moraréis; engendraréis, os
multiplicaréis sobre las ramas de los árboles, sobre las ramas de los bejucos".
Así fue dicho a los venados, a los pájaros, para que hiciesen lo que debían
hacer; todos tomaron sus dormitorios, sus moradas. Así los Procreadores, los
Engendradores, dieron sus casas a los animales de la tierra. Estando pues todos
terminados, venados, pájaros, les fue dicho a los venados, a los pájaros, por
los Constructores, los Formadores, los Procreadores, los Engendradores:
"Hablad, gritad; podéis gorjear, gritar. Que cada uno haga oír su lenguaje
según su clan, según su manera". Así fue dicho a los venados, pájaros, pumas,
jaguares, serpientes. "En adelante decid nuestros nombres, alabadnos, a
nosotros vuestras madres, a nosotros vuestros padres. En adelante llamad a
Maestro Gigante [Relámpago], Huella del Relámpago, Esplendor del relámpago,
Espíritus del Cielo, Espíritus de la Tierra, Constructores. Formadores,
Procreadores. Engendradores. Habladnos, invocadnos, adoradnos", se les dijo.
Pero no pudieron hablar como hombres: solamente cacarearon, solamente mugieron,
solamente graznaron; no se manifestó [ninguna] forma de lenguaje, hablando cada
uno diferentemente. Cuando los Constructores, los Formadores, oyeron sus
palabras impotentes, se dijeron unos a otros: "No han podido decir nuestros
nombres, de nosotros los Constructores, los Formadores". "No está bien", se
respondieron unos a otros los Procreadores, los Engendradores, y dijeron: "He
aquí que seréis cambiados 12 porque no habéis podido hablar.
Cambiaremos nuestra Palabra 13. Vuestro sustento, vuestra
alimentación, vuestros dormitorios, vuestras moradas, los tendréis: serán las
barrancas, las selvas. Nuestra adoración es imperfecta si vosotros no nos
invocáis. ¿Habrá, podrá haber adoración, obediencia, en los [seres] que
haremos? Vosotros recibiréis vuestro fardo: vuestra carne será molida entre los
dientes; que así sea, que tal sea vuestro fardo". Así les fue entonces dicho,
ordenado, a los animalitos, a los grandes animales de la superficie de la
tierra; pero éstos quisieron probar su suerte, quisieron tentar la prueba,
quisieron probar la adoración, mas no entendiendo de ningún modo el lenguaje
unos de otros, no se comprendieron, no pudieron hacer nada. Tal fue, pues, el
fardo de su carne; así el fardo de ser comidos, de ser matados, fue [impuesto]
aquí sobre todos los animales de la superficie de la tierra. En seguida fueron
ensayados seres construidos, seres formados 14, por los
Constructores, los Formadores, los Procreadores, los Engendradores. "Que se
pruebe todavía. Ya se acerca la germinación, el alba. Hagamos a nuestros
sostenes, a nuestros nutridores. ¿Cómo ser invocados, conmemorados, en la
superficie de la tierra? [Ya] hemos ensayado con nuestra primera construcción,
nuestra formación, sin que por ella pueda hacerse nuestra adoración, nuestra
manifestación. Probemos, pues, a hacer obedientes, respetuosos sostenes,
nutridores", dijeron. Entonces fue la construcción, la formación. De fierra
hicieron la carne. Vieron que aquello no estaba bien, sino que se caía, se
amontonaba, se ablandaba, se mojaba, se cambiaba en tierra, se fundía; la
cabeza no se movía; el rostro [quedábase vuelto] a un solo lado; la vista
estaba velada; no podían mirar detrás de ellos; al principio hablaron, pero sin
sensatez. En seguida, aquello se licuó, no se sostuvo en pie15.
Entonces los Constructores, los Formadores, dijeron otra vez: "Mientras más se
trabaja, menos puede él andar y engendrar". "Que se celebre, pues, consejo
sobre eso", dijeron. Al instante deshicieron, destruyeron una vez más, su
construcción, su formación, y después dijeron: "¿Cómo haremos para que nos
nazcan adoradores, invocadores?" Celebrando consejo de nuevo, dijeron entonces:
"Digamos a Antiguo Secreto, Antigua Ocultadora, Maestro Mago del Alba, Maestro
Mago del Día: «Probad de nuevo la suerte, su formación»". Así se dijeron unos a
otros los Constructores, los Formadores, y hablaron a Antiguo Secreto, Antigua
Ocultadora. En seguida, el discurso dicho a aquellos augures, a la Abuela del
Día, a la Abuela del Alba por los Constructores, los Formadores; he aquí sus
nombres: Antiguo Secreto, Antigua Ocultadora. Y los Maestros Gigantes hablaron,
así como los Dominadores, los Poderosos del Cielo. Dijeron entonces a Los de la
Suerte, los de [su] Formación, a los augures: "Es tiempo de concertarse de
nuevo sobre los signos de nuestro hombre construido, de nuestro hombre formado,
como nuestro sostén, nuestro nutridor, nuestro invocador, nuestro conmemorador.
Comenzad, pues, las Palabras [Mágicas], Abuela, Abuelo, nuestra abuela, nuestro
abuelo, Antiguo Secreto, Antigua Ocultadora. Haced pues que haya germinación,
que haya alba, que seamos invocados, que seamos adorados, que seamos
conmemorados, por el hombre construido, el hombre formado, el hombre maniquí,
el hombre moldeado. Haced que así sea. Declarad vuestros nombres: Maestro Mago
del Alba, Maestro Mago del Día, Pareja Procreadora, Pareja Engendradora, Gran
Cerdo del Alba, Gran Tapir del Alba. Los de las Esmeraldas. Los de las Gemas,
Los del Punzón, Los de las Tablas, Los de la Verde Jadeita, Los de la Verde
Copa, Los de la Resina, Los de los Trabajos Artísticos, Abuela del Día, Abuela
del Alba. Sed llamados así por nuestros construidos, nuestros formados. Haced
vuestros encantamientos por vuestro maíz, por vuestro tzité 16. ¿Se
hará, acontecerá, que esculpamos en madera su boca, su rostro?" Así fue dicho a
los de la Suerte. Entonces [se efectuó] el lanzamiento [de los granos], la
predicción del encantamiento por el maíz, el tzité. "Suerte, fórmate", dijeron
entonces una abuela, un abuelo. Ahora bien, este abuelo era El del Tzité,
llamado Antiguo Secreto; esta abuela era La de la Suerte, la de [su] formación,
llamada Antigua Ocultadora con Gigante Abertura. Cuando se decidió la suerte,
se habló así: "Tiempo es de concertarse. Hablad; que oigamos y que hablemos,
digamos, si es preciso que la madera sea labrada, sea esculpida por Los de la
Construcción, Los de la Formación, si ella será el sostén, el nutridor, cuando
se haga la germinación, el alba". "Oh maíz, oh tzité, oh suerte, oh [su]
formación, asios, ajustaos" 17, fue dicho al maíz, al tzité, a la
suerte, a [su] formación. "Venid a picar ahí, oh Espíritus del Cielo 18.
No hagáis bajar la boca, la faz 19 de los Dominadores, de los
Poderosos del Cielo", dijeron. Entonces dijeron la cosa recta: "Que así sean,
así, vuestros maniquíes, los [muñecos] construidos de madera, hablando,
charlando en la superficie de la tierra". — "Que así sea", se respondió a sus
palabras. Al instante fueron hechos los maniquíes, los [muñecos] construidos de
madera; los hombres se produjeron, los hombres hablaron; existió la humanidad
en la superficie de la tierra. Vivieron, engendraron, hicieron hijas, hicieron
hijos, aquellos maniquíes, aquellos [muñecos] construidos de madera. No tenían
ni ingenio ni sabiduría, ningún recuerdo de sus Constructores, de sus
Formadores; andaban, caminaban sin objeto. No se acordaban de los Espíritus del
Cielo; por eso decayeron. Solamente un ensayo, solamente una tentativa de
humanidad. Al principio hablaron, pero sus rostros se desecaron; sus pies, sus
manos, [eran] sin consistencia; ni sangre, ni humores, ni humedad, ni grasa;
mejillas desecadas [eran] sus rostros; secos sus pies, sus manos; comprimida su
carne. Por tanto [no había] ninguna sabiduría en sus cabezas, ante sus
Constructores, sus Formadores, sus Procreadores, sus Animadores. Éstos fueron
los primeros hombres que existieron en la superficie de la tierra.
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