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POPOL VUH (14)
La abuela 75 de Maestro Mono, Maestro Simio, estaba allí cuando la
mujer Sangre vino a casa de la abuela de Maestro Mono, Maestro Simio. En ella
vivían sus hijos, y poco faltaba para que naciesen los llamados Maestro Mago,
Brujito. Cuando la mujer llegó a casa de la abuela, la mujer dijo a la abuela:
"Llego, oh madre, yo Tu nuera, yo Tu hija, oh Madre"; así dijo al entrar en
casa de la abuela. "¿De dónde vienes tú? ¿Dónde están mis hijos? ¿No han muerto
en Xibalbá? ¿Sus dos descendientes, el signo de su Palabra, llamados Maestro
Mono. Maestro Simio, no los ves tú? Sal de aquí. Vete", fue respondido por la
abuela a la adolescente. "En verdad, yo soy ciertamente tu nuera. Yo soy de
Supremo Maestro Mago; helo aquí llevado vivo. Supremo Maestro Mago, Principal
Maestro Mago, no están muertos; su sentencia les ha hecho ilustres. Tú eres Mi
suegra. Así, ve sus rostros queridos en los que yo traigo", dijo ella a la
abuela. En seguida, Maestro Mono, Maestro Simio, se irritaron. No hacían más
que música, más que canto; su trabajo cotidiano no era sino pintura, sino
escultura; recreaban el corazón de su abuela. La abuela recomenzó: "Ninguna
necesidad [tengo] de ti para nuera mía. Sólo la fornicación [hay] en tu
vientre. Oh mentirosa, mis hijos de los cuales hablas, han muerto". La abuela
dijo otra vez: "Demasiado verdaderas son mis palabras. Pero sea, tú eres mi
nuera, a lo que entiendo. Ve pues a recoger su alimento para los que comen; ve
a coger una gran red llena. Vuelve [en seguida] puesto que eres mi nuera, a lo
que entiendo", [le] dijo a la joven. "Muy bien", respondió ésta, [y] después
tomó el camino de las sementeras que habían sembrado Maestro Mono, Maestro
Simio, por quienes había sido desmontado el campo; la adolescente lo siguió y
llegó así a las sementeras. Un solo tallo en el campo; no había dos tallos,
tres tallos; sólo un tallo manifestaba su faz. Entonces se angustió el corazón
de la joven. "Desdichada de mí, yo, deseadora carnal. ¿Dónde recogeré la red de
alimentos que se me ha dicho?", añadió. Entonces invocó a Guardián del Alimento
76 para que él viniera y para que ella llevara. "¡La de la Lluvia. La
de la Madurez. La del Cacao, vosotras que preparáis el maíz, tú, Guardián del
Alimento de Maestro Mono, Maestro Simio!", dijo la adolescente. Entonces tomó
las barbas, las brácteas de la mazorca, las arrancó dulcemente, sin coger la
mazorca, [y] las arregló como mazorcas en la red; llenó la gran red. Entonces
la joven se fue. Unos animales se encargaron de la red; al llegar fueron a
poner la banastada contra la pared de la mansión. La abuela corrió para verla.
Cuando la abuela vio una gran red llena de alimento: "¿De dónde te ha venido
este alimento? ¿Has arruinado, has acabado de coger mis sementeras? Voy a ver",
dijo la abuela, poniéndose en camino, yendo a ver sus sementeras. Pero había
como siempre un tallo. Se veía dónde había sido puesta la red. Por tanto, la
abuela volvió aprisa a la casa; [y] dijo a la adolescente: "En verdad, ése es
el signo de que eres mi nuera. Aún veré tus actos, los de los muy Sabios que
están en ti"; [así] [le] dijo a la joven.
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