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POPOL VUH (16)
[Los segundones] comenzaron sus trabajos para manifestarse ante su abuela, ante
su madre. Primeramente hicieron su campo. "Oh abuela nuestra, oh madre nuestra,
trabajaremos en los campos", dijeron. "No os aflijáis. Nosotros somos,
nosotros, vuestros nietos, nosotros los sustitutos de nuestros hermanos
mayores", dijeron Maestro Mago, Brujito. Entonces tomaron su hacha [para
madera], su azadón, su coa 78, y caminaron, cada uno con su
cerbatana al hombro. Al salir de su casa recomendaron a su abuela que les
llevara su comida. "Oh abuela nuestra, que se nos dé a mediodía nuestro
alimento", dijeron. "Muy bien, oh nietos míos", respondió su abuela. Llegaron
en seguida allá donde estaba el campo. Por todas partes en donde hundieron su
azadón en la tierra, el azadón sólo trabajó la tierra; ellos no trabajaban; el
azadón sólo. Y golpearon con el hacha los troncos de los árboles y las ramas de
los árboles, derribando, podando, derribándolo todo, árboles, bejucos; y
cortaba aquella madera, hacía todo aquello, un hacha sola. He aquí que el
azadón arrancaba mucho; innumerables las zarzas, los espinos, trabajados por un
azadón sólo; innumerable lo que fue arrancado en las montañas pequeñas, las
montañas grandes. Entonces ordenaron a un animal llamado Paloma Torcaz;
habiéndola hecho subir a un gran tronco, Maestro Mago, Brujito, le dijeron:
"Mira cuando nuestra abuela venga a darnos nuestro alimento; arrulla luego que
llegue, arrulla y cogeremos el azadón, el hacha". "Muy bien", respondió Paloma
Torcaz. He aquí que ellos no hicieron más que tirar con cerbatanas; en realidad
no trabajaron el campo. Después de lo cual. Paloma Torcaz arrulló. Al instante
vinieron, el uno a tomar el azadón, el otro a tornar el hacha. Habiéndose
envuelto la cabeza, el uno se cubrió falazmente de tierra las manos,
ensuciándose el rostro lo mismo, como un verdadero labrador; el otro se cubrió
falazmente de astillas de madera la cabeza, como si verdaderamente hubiera
podado, carpinteado. Entonces fueron vistos por su abuela. En seguida comieron.
En verdad, no habían trabajado el campo; llegóse, pues, sin causa, a darles su
comida. Cuando llegaron a la casa: "Abuela nuestra, verdaderamente nos
acostamos", dijeron al entrar, estirando sin motivo sus piernas, sus brazos,
delante de su abuela. Cuando al día siguiente volvieron, llegaron al campo,
todos los árboles, los bejucos, se habían vuelto a levantar, todas las zarzas,
los espinos, estaban enmarañados, cuando llegaron. "¿Quién se ha burlado de
nosotros?", dijeron. "Los que hicieron esto son todos los animales pequeños,
los animales grandes, puma, jaguar, venado, conejo, zorro, coyote, cerdo,
puerco-espín, los pájaros pequeños, los pájaros grandes; son ellos quienes
hicieron esto y lo hicieron en una noche". En seguida comenzaron de nuevo a
trabajar el campo, hicieron lo mismo en la tierra para cortar los árboles;
celebraron consejo mientras cortaban los árboles, mientras arrancaban.
"Solamente velaremos nuestro campo. Quizás sorprenderemos a quienes vinieron a
hacer esto", dijeron celebrando consejo; después volviéronse a la casa. "¿Qué
véis? 79 ¿Se burlan de nosotros, oh abuela nuestra? Grandes hierbas,
la gran selva, [hay] allá adonde estaba nuestro campo cuando de día fuimos, oh
abuela nuestra", dijeron a su abuela, a su madre. "Volveremos, velaremos; no
[está] bien que se nos haga eso", dijeron. En seguida se armaron, en seguida
volvieron a sus árboles cortados y se ocultaron en ellos, se abrigaron a la
sombra. Entonces los animalitos se congregaron, cada especie reuniéndose, todos
los animales pequeños, los animales grandes; he aquí que a media noche
llegaron. He aquí sus Palabras: "¡Arboles, levantaos! ¡Bejucos, levantaos!";
[así] dijeron al llegar, amontonándose bajo los árboles, bajo los bejucos;
entonces avanzaron, se mostraron, ante los rostros [de los dos segundones]. He
aquí los primeros: el puma, el jaguar; [los jóvenes] quisieron cogerlos, pero
no se dieron 80 a ellos. Entonces avanzaron, colas acercadas, el
venado, el conejo; [los jóvenes] los asieron pero no arrancaron más que la
extremidad de la cola del venado, [del conejo], que se les quedó entre las
manos: habiendo asido la cola del venado, la cola del conejo, dichas colas
fueron acortadas. El zorro, el coyote, el cerdo, el puerco-espín, no se dieron
a ellos. Todos los animales se mostraron ante Maestro Mago. Brujito. Los
corazones de éstos fueron afligidos porque no cogieron ninguno. Otro llegó, el
último; llegó brincando. Entonces ellos se pusieron de través [en su camino],
cogieron en un pañuelo a la Rata. Habiéndola cogido le apretaron vivamente la
cabeza, queriendo ahogarla. Le quemaron la cola en el fuego; entonces la rata
comenzó a llevar así la cola, a no tener pelos en la cola; sus ojos
[volviéronse saltones] porque habían querido ahogarla los engendrados Maestro
Mago, Brujito. "Que yo no muera por [obra de] vosotros. Vuestro oficio no es
cultivar", les dijo la rata. "¿Qué nos cuentas tú ahora?", respondieron a la
rata los engendrados. "Dejadme un momento. Mi Palabra está en mi vientre 81
y yo os la contaré: dadme ahora algo de comer", dijo la rata. "Después te
daremos de comer; cuenta primero", fue dicho. "Muy bien. He aquí que los bienes
de vuestros padres llamados Supremo Mago, Principal Maestro Mago, quienes
murieron en Xibalbá, existen suspendidos en lo alto de la mansión; sus anillos,
sus guantes, su pelota; pero vuestra abuela no quiso mostrároslo, pues vuestros
padres murieron por eso". "¿Dices la verdad?", dijeron a la rata los
engendrados. Gran alegría [hubo] en sus corazones al oír la historia de la
pelota. Habiendo contado la rata, ellos dieron de comer a la rata. "He aquí tu
alimento; maíz, pimiento blanco, frijoles, cacao [moneda]82, cacao
[clase extra], serán tuyos; lo que fuere conservado, olvidado, tuyo también y
tú lo roerás", dijeron a la rata Maestro Mago, Brujito. "Muy bien, engendrados.
¿Qué diré si vuestra abuela me ve?", respondió. "Que tu corazón no tema. Aquí
estamos nosotros, prestos estamos nosotros para responder a nuestra abuela.
Vamos aprisa a subir a ese rincón de la mansión; vamos adonde es preciso ir; tú
subirás aprisa adonde aquello está suspendido; nosotros veremos en los cordajes
de la mansión; también veremos por nuestra comida", dijeron a la rata. Se
consultaron una noche; después de haber celebrado consejo, Maestro Mago,
Brujito, llegaron a mediodía. Sin mostrar la rata que llevaban, llegaron; el
uno entró abiertamente en la casa; el otro fue al rincón de la mansión, en
donde al instante dejó trepar a la rata. Pidieron entonces a su abuela su
comida. "Moled solamente nuestro alimento; no deseamos más que un caldo con
pimiento 83, oh abuela nuestra", dijeron. Ella les preparó al
instante una copa de caldo caliente que puso delante de sus rostros. Solamente
para engañar a su abuela, a su madre. Derramaron el agua del cántaro. "Nuestras
bocas están verdaderamente secas. Id a buscar nuestra bebida", dijeron a la
abuela. "Sí", dijo ella saliendo. Sin embargo, comieron, verdaderamente sin
hambre; no obraban sino por fingimiento. Mientras vigilaban el caldo de
pimiento para la rata, la rata trepaba junto a la pelota suspendida en lo alto
de la mansión. Mientras vigilaban el caldo de pimiento, enviaron un Mosquito;
el Mosquito, animal semejante a un cínife, fue al borde del río; al instante
agujereó el fondo del cántaro de la abuela, y el agua se derramó por el fondo
del cántaro; ella trató de tapar el fondo del cántaro pero no pudo. "¿Qué hace
nuestra abuela? Nos sofocamos, [por falta] de agua; nos acabamos por nuestras
bocas secas 84, dijeron a su madre, enviándola afuera. La rata subió
en seguida junto a la pelota que cayó de las cuerdas de la casa con los
anillos, los guantes, los escudos de cuero; los tomaron al instante y fueron a
esconderlos en el camino que conducía al juego de pelota. Después fueron a
buscar a su abuela al borde del río; su abuela, su madre, trataban cada una de
tapar el fondo del cántaro. Llegaron ellos, cada uno con sus cerbatanas, [y]
avanzaron hasta el borde del río. "¿Qué hacéis? Nuestros corazones se cansan;
venimos", dijeron. "Ved el fondo del cántaro; no se puede tapar", respondió la
abuela 85. Al instante ellos lo taparon. Volvieron, marchando
delante de su abuela. He aquí cómo les fue entregada la pelota.
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