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POPOL VUH (17)
Ahora bien, ellos se regocijaron de ir a pelotear en el juego de pelota. Fueron
lejos a jugar solos; barrieron el juego de pelota de su padre. Entonces los
jefes de Xibalbá los oyeron. "¿Quiénes son esos que comienzan ahora a jugar
sobre nuestras cabezas, que no se avergüenzan de hacer temblar la tierra?
Supremo Maestro Mago, Principal Maestro Mago, que quisieron enorgullecerse ante
nuestros rostros, ¿no están muertos? Que se vaya, pues, a llamar a ésos",
dijeron Supremo Muerto, Principal Muerto, a todos los jefes. Enviaron. Dijeron
a sus mensajeros: "Id a decirles: «que vengan», dicen los jefes. «Aquí queremos
pelotear con ellos; dentro de siete días jugaremos», dicen los jefes. Id a
decirles eso", fue repetido a los mensajeros. Éstos tomaron el gran camino que
los engendrados habían desmontado hasta su casa, recto hasta su casa; por él
los mensajeros llegaron directamente hasta [donde estaba] la abuela, [los
engendrados] comían [en el juego de pelota] cuando llegaron los mensajeros de
Xibalbá. "En verdad, que vengan, dicen los jefes", dijeron los mensajeros de
Xibalbá. Entonces los mensajeros de Xibalbá indicaron el día de la venida [de
los engendrados]. "Dentro de siete días se les esperará", dijeron a Antigua
Ocultadora los enviados. "Muy bien. Allí estarán, oh mensajeros", respondió la
abuela. Y los enviados se pusieron en camino y regresaron [a Xibalbá]. Entonces
se angustió el corazón de la abuela: "¿A quién enviaría yo para hablar a mis
nietos? En verdad, ¿no es así como antaño vinieron los mensajeros a coger a sus
padres?", dijo tristemente la abuela entrando sola en la casa. Al instante por
debajo [de su vestido] cayó un Piojo. Ella lo asió, lo levantó, lo puso en su
mano en donde el piojo se movió, anduvo. "Oh nieto mío, ¿quieres que te envíe
al juego de pelota para llamar a mis nietos?", le dijo al piojo. "Unos
mensajeros han venido como heraldos a decir a vuestra abuela: «Que se preparen
y que dentro de siete días vengan»; [así] han dicho los mensajeros de Xibalbá.
Así dice vuestra abuela", le dijo al piojo. Entonces éste caminó, se apresuró.
Ahora, pues, sentado en el camino, [encontró a] un engendrado llamado Batracio,
un sapo. "¿Adonde vas?", le dijo el sapo al piojo. "Mi palabra está en mi
vientre; voy hacia [donde están] los jóvenes", dijo el piojo a Batracio. "Muy
bien. No te apresuras, por lo que veo", fue dicho al piojo por el sapo.
"¿Quieres que te trague? Verás cómo me apresuro. Llegaremos al instante". "Muy
bien", dijo el piojo al sapo, e inmediatamente fue tragado por el sapo. Ahora
bien, el sapo anduvo largo tiempo, caminando sin darse prisa; después encontró
a una gran serpiente llamada Blanca Víbora. "¿Adonde vas, oh Batracio, oh
engendrado?", dijo Blanca Víbora al sapo. "Soy un mensajero; mi Palabra está en
mi vientre", dijo el sapo a la serpiente. "Por lo que veo, no te apresuras.
¿Iré yo más aprisa?", dijo la serpiente al sapo. "Ven aquí aprisa", añadió;
entonces el sapo fue tragado por Blanca Víbora. Desde entonces las serpientes
toman [al sapo] como alimento; se comen ahora a los sapos. La serpiente
caminaba, corría. La serpiente fue encontrada por el Gavilán, gran ave; al
instante la serpiente fue tragada por el gavilán, quien poco después llegó a lo
alto del juego de pelota. Desde entonces el gavilán tomó por alimento, se comió
a las serpientes en las montañas. Al llegar, el gavilán se posó en el reborde
del [edificio] del juego de pelota en donde se divertían en pelotear Maestro
Mago, Brujito. Al posarse el gavilán gritó: "¡Gavilán! ¡Gavilán!"; su grito
dijo: "Gavilán". "¿Qué es ese grito? ¡Pronto, nuestras cerbatanas", dijeron
[los engendrados], [y] después dispararon con las cerbatanas al gavilán, le
enviaron en los ojos el hueso de la cerbatana; al instante dio una vuelta sobre
sí mismo y cayó. Corrieron inmediatamente a cogerlo. | y] después lo
interrogaron: "¿Por qué vienes?", le dijeron al gavilán. "Mi mensaje está en mi
vientre, pero primero curad mis ojos [y] después os lo diré", dijo el gavilán.
"Muy bien", dijeron ellos. Tomaron un poco de la pelota de su juego de pelota y
lo aplicaron sobre la faz del gavilán. Esto fue llamado Remedio-Pelota 86
por ellos. Al instante con eso curaron bien la faz del gavilán. "Habla ahora",
le dijeron al gavilán. Entonces él vomitó a la gran serpiente. "Habla", le
dijeron a la serpiente. "Sí", dijo ésta, y entonces vomitó al sapo. "¿Dónde
está el mensaje anunciado?", le dijeron al sapo. "En mi vientre está mi
Palabra", dijo el sapo. Entonces trató [de vomitar], hizo esfuerzos, pero no
vomitó; la tentativa solamente cubrió de baba su boca, sin vomitar. Los
engendrados quisieron entonces maltratarlo. "Eres un engañador", dijeron
pateándole el trasero : entonces los huesos de su trasero descendieron sobre
sus piernas. Probó otra vez; solamente baba ensució su boca. Entonces abrieron
la boca del sapo; fue abierta | su boca] por los engendrados; buscaron en su
boca; ahora bien, el piojo estaba junto a los dientes del sapo; estaba en su
boca. No se lo había tragado: solamente como si se lo hubiera tragado. Así fue
vencido el sapo; no se conoce la clase de alimentos que le fue dada; no corre;
no es sino carne para serpientes. "Habla", fue dicho entonces al piojo. Él
contó su mensaje. "Oh engendrado, vuestra abuela ha dicho esto: «Ve a
llamarlos. De Xibalbá han venido a llamarlos los mensajeros de Supremo Muerto,
Principal Muerto. —Que vengan aquí a pelotear con nosotros dentro de siete
días; que vengan también sus accesorios de juego; pelota, anillos, guantes,
escudos de cuero; que aquí se vivifiquen sus rostros, dicen los jefes. En
verdad, ellos han venido», dice vuestra abuela. Entonces yo he venido. Vuestra
abuela ha dicho eso verdaderamente. Vuestra abuela llora, gime. Yo he venido".
"¿Es verdad esto?", dijeron en sus corazones los engendrados, al escucharlo. Al
instante caminaron, llegaron junto a su abuela, solamente para despedirse de su
abuela, para partir. "Oh abuela nuestra, partimos, nos despedimos de vos. He
aquí que dejamos el signo de nuestra Palabra. Cada uno plantamos aquí una caña;
las plantamos en medio de la casa. Si se secan, signo será de nuestra muerte.
«Han muerto», diréis si se secan. Si echan yemas diréis: «Viven» 87.
Oh abuela nuestra, oh madre nuestra, no lloréis. He aquí el signo de nuestra
Palabra que queda junto a vosotras", dijeron. Partieron, luego que Maestro Mago
hubo plantado una [caña], [y que] Brujito hubo plantado una [caña]. Las
plantaron, no en las montañas, no en una tierra verdeante, sino en una tierra
seca, en medio de la casa en donde las dejaron plantadas.
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