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POPOL VUH (20)
Entraron en seguida en la Mansión del Frío 98. Incalculable el frío.
Denso el granizo menudo en la Mansión, casa del frío. El frío cesó prontamente
por la Magia de los nietos, el frío fue destruido por los engendrados. No
murieron; vivían al alba; Xibalbá deseaba sin embargo que muriesen, pero esto
no sucedió y buenos estaban sus rostros cuando llegó el alba. Salieron cuando
sus vigilantes fueron a llamarlos. "¡Como! ¡No han muerto!", dijo el gobierno
de Xibalbá, maravillándose de las acciones de los engendrados Maestro Mago,
Brujito. Entraron después en la Mansión de los Jaguares. Muchos jaguares en la
casa: "No nos mordáis, somos de los vuestros", dijeron a los jaguares.
Arrojaron en seguida huesos ante los animales, quienes inmediatamente
pulverizaron los huesos. "Al fin, ya están pues acabados, sus corazones son
comidos, al fin se han entregado; he aquí que son molidos sus huesos", decían
los veladores, regocijándose todos en sus corazones. Pero ellos no habían
muerto; de nuevo buenos estaban sus rostros. Salieron de la Mansión de los
Jaguares. "¿De qué naturaleza son? ¿De dónde vienen?", dijeron todos los
Xibalbá. Entraron después en el fuego, en una Mansión de Fuego. Solamente fuego
en el interior. No fueron quemados por él, aunque asase, aunque ardiese.
También [estaban] buenos sus rostros cuando vino el alba. Sin embargo, mucho se
deseaba que muriesen allá por donde pasaban todavía; esto no sucedió, y por eso
desfalleció el corazón de Xibalbá. Entraron después en la Mansión de los
Murciélagos. Solamente murciélagos en la mansión, una Mansión de los
Murciélagos de la Muerte, grandes animales que tenían el mismo aparato mortal
que Punta Victoriosa, acabando al instante a aquellos [que llegaban] ante sus
fauces. Estuvieron allá adentro, pero durmieron en sus cerbatanas; no fueron
mordidos por los dientes que estaban en la Mansión. Se entregaron en seguida,
pero a un Murciélago de la Muerte que vino del cielo a manifestarles lo qué
debían hacer. Los murciélagos se interrogaron, celebraron consejo una noche,
aleteando. "Brujo Abatido, Brujo Abatido", decían lo dijeron una noche: cesaron
sin embargo un poco. Los murciélagos no se balancearon ya más, permanecieron en
una punta de las cerbatanas. Brujito dijo entonces a Maestro Mago: "El alba
blanquea. Mira", "Quizás blanquea. Voy a mirar", respondió. Cuando quiso mirar
desde la boca de la cerbatana, cuando quiso, ver salir el alba, al instante su
cabeza fue cortada por Murciélago de la Muerte 99, y la grandeza de
Maestro Mago permaneció débil. Brujito preguntó de nuevo: "¿No alborea?", pero
Maestro Mago no se volvió. "¿Habrá partido Maestro Mago? ¿Cómo hiciste eso?".
Pero [Maestro Mago] no se volvía, estaba solamente extendido allí. Entonces
Brujito tuvo vergüenza. "¡Ay! vencidos estamos", dijo. En seguida colocóse la
cabeza del Maestro Mago en el juego de pelota, cumpliendo la palabra do Supremo
Muerto, Principal Muerto. Todo Xibalbá se regocijó a causa de la cabeza de
Maestro Mago.
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