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POPOL VUH (27)
He aquí los nombres de sus mujeres: [La de] la Blanca Mansión del Mar, nombre
de la mujer de Brujo del Envoltorio; [La de] la Mansión de los Bogavantes,
nombre de la mujer de Brujo Nocturno; [La de] la Mansión de los Colibríes,
nombre de la mujer de Guarda-Botín: [La de] la Mansión de los Guacamayos,
nombre de la mujer de Brujo Lunar. Tales son los nombres de sus mujeres: éstas
fueron jefes. Ellos engendraron a los hombres, a las tribus pequeñas, a las
tribus grandes. Ellos fueron; nuestro tronco, de nosotros los hombres quichés.
Numerosos fueron también Los de las Espinas, Los del Sacrificio, quienes no
fueron más que cuatro 114 pero esos cuatro solos [fueron] nuestros
padres, de nosotros los quichés. Diversos ¡son] los nombres de cada uno de los
que ellos engendraron allá lejos, en el Este. De sus nombres vinieron [los] de
los hombres de Tepeu 115, Oloman, Cohah 116, Quenech,
Ahau, como se llamaban estos hombres allá lejos, en Oriente, donde ellos
engendraron. Se sabe también el comienzo de los de Tam 117, de los
de Iloc. Juntos vinieron de allá, lejos, del Este. Brujo del Envoltorio,
abuelo, padre de las nueve Grandes Mansiones, de los Cavek. Brujo Nocturno,
abuelo, padre de las nueve Grandes Mansiones de los Niha. Guarda-Botín, abuelo,
padre de las cuatro Grandes Mansiones de los Ahau-Quiché. Tres fracciones de
pueblos fueron. No [están] perdidos los nombres de sus abuelos, sus padres,
quienes engendraron, se desarrollaron allá lejos, en Oriente. Vinieron también
los Tam, los Iloc, con las trece ramas de tribus, las trece Aglomeraciones, con
los Rabinal, los Cackchiquel, los de Tziquinaha; después los Zacaha; en seguida
los Lamak, Cumatz, Tuhalha, Unabaha, Los de Chumilaha, con Los de Quiba-ha, Los
de Batenaba-ha, los Hombres de Acul, Balami-ha, los Canchahel, los Balam-Col.
Solamente son las grandes tribus, las ramas de tribus, las que decimos: no
contamos más que a las grandes. Muchas otras completaban [la población] en cada
fracción de la ciudad; no hemos escrito sus nombres, sino solamente [los de]
las engendradas allá lejos, en Oriente. Muchos hombres fueron; en la obscuridad
se multiplicaron; cuando se multiplicaron, el día, el alba, no habían sido
dados a luz; todos juntos existían; importantes eran sus seres, sus renombres,
allá lejos, en Oriente. No eran sostenes, nutridores, pero hacia el cielo
erguían sus rostros. No sabían lo que habían venido a hacer tan lejos. Allá
existían numerosos hombres de las tinieblas, hombres del alba. Numerosos [eran]
los rostros de los hombres, numerosos los lenguajes de los hombres; dos
[solamente] sus orejas 118. "Hay linajes en el mundo, hay regiones,
en las que no se ve el rostro de los hombres; [estos] no tienen casas, sino que
recorren, como locos, las montañas pequeñas, las montañas grandes", decíase
entonces, ultrajando a los hombres de aquellos países. Así dijeron ellos allá
lejos, cuando vieron levantarse el sol. Todos no tenían [entonces] más que una
lengua; no invocaban a la madera, a la piedra; en ellos subsistía el recuerdo
de la Palabra de Construcción, de Formación, de Los Espíritus del Cielo, de los
Espíritus de la Tierra. Hablaban meditando sobre lo que ocultaba el alba;
preguntaban cómo ejecutar la Palabra de amor, aquellos amantes, aquellos
obedientes, aquellos respetuosos; erguían después sus rostros hacia el cielo,
pidiéndole sus hijas, sus hijos. "¡Salve, oh Constructores, oh Formadores!
Vosotros véis, vosotros escucháis. Vosotros. No nos abandonéis, no nos dejéis,
oh dioses, en el cielo, en la tierra, Espíritus del Cielo, Espíritus de la
Tierra. Dadnos nuestra descendencia, nuestra posteridad, mientras haya días,
mientras haya albas. Que la germinación se haga, que el alba se haga. Que
numerosos sean los verdes caminos, las verdes sendas que nos dais. Que
tranquilas, muy tranquilas, estén las tribus. Que perfectas, muy perfectas,
sean las tribus. Que perfecta sea la vida, la existencia que nos dais, oh
Maestro Gigante [Relámpago], Huella del Relámpago, Esplendor del Relámpago.
Huella del Muy Sabio, Esplendor del Muy Sabio 119, Gavilán, Maestros
Magos, Dominadores, Poderosos del Cielo, Procreadores, Engendradores, Antiguo
Secreto, Antigua Ocultadora, Abuela del Día, Abuela del Alba. Que la
germinación se haga, que el alba se haga". Así hablaban cuando miraban, cuando
invocaban la vuelta del alba, allá en donde el sol se levanta, contemplando a
Luna-Sol 120 gran estrella que antes de la salida del sol ilumina en
el cielo, sobre la tierra, el camino de los hombres construidos, de los hombres
formados.
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