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POPOL VUH (41)
Chi Izmachi [es el] nombre de la colina en donde estuvo después su ciudad, en
donde para siempre estuvieron. Allí creció su fuerza; pulverizaron su cal, su
tierra blanca, bajo la cuarta generación de jefes. Decidieron Conacho, Belche
Queh, y también el Eminente Jefe. Después gobernaron los jefes Cotuha e
Iztayul, nombre del Consejero [y] del Consejero Lugarteniente; gobernaron allá
en Chi Izmachi, que se convirtió en una ciudad perfecta que ellos hicieron.
Tres Grandes Mansiones solamente se formaron en Iznachi, las veinticuatro
Grandes Mansiones no se formaron todavía. Sus tres Grandes Mansiones se
formaron: una, la Gran Mansión de los Cavek; otra, la Gran Mansión ante el"
rostro de los Niha; otra también, la de los Ahau- Quiché. Solamente [como] dos
serpientes [eran] las dos fracciones del pueblo. Ahora bien, en Izmachi su
corazón era único; no había alertas, no había dificultades; el gobierno estaba
en reposo; no había guerras, revueltas; solamente la calma, solamente la paz,
en sus corazones. No había envidia, no había odio; en sus acciones, pequeña era
su fuerza; no había nada importante, no había engrandecimiento. Entonces
trataron de [hacer] sobrepujar 143 el escudo, allí en Izmachi, como
marca de su potencia; entonces lo hicieron el signo de su fuerza, el signo
también de su grandeza. Cuando esto fue visto por los Iloc entonces la guerra
nació, [hecha] por los Iloc, que querían venir a matar al jefe Cotuha, no
queriendo [tener] sino un jefe suyo. En cuanto al jefe Iztayul, querían
castigarlo, querían que fuera castigado por los Iloc, que fuera condenado a
muerte. Pero su envidia no prevaleció contra el jefe Cotuha, quien marchó
contra ellos antes de que [él], [el] jefe, fuera matado por los Iloc, Tal fue
el origen de la revuelta y del tumulto de la guerra. Primeramente [los Iloc]
atacaron a la ciudad, fueron a matar. Querían la pérdida del rostro Queche: que
ellos solos gobernasen [era] su pensamiento. Pero no llegaron más que para
morir. Fueron [hechos] prisioneros, fueron [hechos] cautivos, sin que se
salvasen muchos. Entonces se comenzó a sacrificarlos. Los Iloc fueron
sacrificados ante los dioses: este pago de sus faltas fue hecho por el jefe
Cotuha. Muchos se convirtieron en servidores, vasallos, tributarios, habiendo
ido a entregarse a la derrota por la guerra contra los jefes, contra los
barrancos, la ciudad 144. Sus corazones habían deseado la pérdida,
el oprobio, de la faz de la jefatura Quiché: esto no pudo hacerse. Asi nacieron
los sacrificios humanos ante los dioses: entonces se hizo el escudo de guerra,
el origen, el comienzo, de la defensa de la ciudad Chi Izmachi. Ahí también
[estuvo] el comienzo, el origen, de su fuerza, porque verdaderamente grande fue
la potencia del jefe Quiché. Por todas partes jefes Sabios, sin que nadie los
humillase, sin que nadie los decentase. Kilos hicieron grande el poder que
comenzó allí en Izmachi. Allí aumentaron las escarificaciones [ante] los
dioses, y el terror: todas las tribus, tribus pequeñas, tribus grandes, se
aterrorizaron viendo la entrada de los hombres prisioneros que sacrificaron,
que mataron, para [acrecentar] su fuerza, su dominación, el jefe Cotuha el jefe
Iztayul, con los Niha, los Ahau-Quiché. Sólo estas tres fracciones del pueblo
estaban en la ciudad llamada Izmachi. Allí comenzó también la comida, el festín
para sus hijas, cuando éstas se casaban. Por esto se regocijaron los llamados
las tres Grandes Mansiones; allí bebieron sus bebidas: allí comieron sus
alimentos, precio de sus hermanas, de sus hijas; se regocijaron en sus
corazones. Hicieron sus alimentos, sus calabazas cinceladas, en sus Grandes
Mansiones. "Solamente nuestras acciones de gracias, solamente nuestras
ofrendas, como signo de nuestro discurso, como signo de nuestra palabra sobre
las esposas, los esposos", decían. Allí designaron a sus clanes, sus siete
tribus, sus barrios. "Unámonos, nosotros los Cavik, nosotros los Niha, y
nosotros los Ahau-Quiché", dijeron los tres clanes, las tres Grandes Mansiones.
Largo tiempo habían estado allí en Izmachi cuando encontraron, cuando vieron
otra ciudad, cuando abandonaron la de Izmachi.
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