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POPOL VUH (43)
Así se completaron los veinticuatro jefes, y las veinticuatro grandes Mansiones
existieron. Entonces crecieron la fuerza, la dominación, en Quiché; entonces se
ilustró, entonces dominó la grandeza de la raza Quiché. Entonces fue
pulverizada la cal, fue pulverizada la tierra blanca, para el barranco, la
ciudad. Las tribus pequeñas, las tribus grandes, vinieron adonde estaba el
nombre del jefe que [hacía la] grandeza del Quiché; entonces nacieran la
fuerza, la dominación. Entonces nacieron la Casa de los Dioses y las casas de
los jefes. [Éstos] no las edificaron, no trabajaron en ellas, no hicieron
[ellos mismos] las casas; no hicieron ni siquiera la Casa de los Dioses; [todo
esto no fue hecho] más que por sus hijos, su prole, [quienes se habían]
multiplicado 146. Éstos no fueron tomados por violencia, por
astucia, por rapto; en verdad sobre cada uno de ellos [gobernaban] sus jefes
[propios] 147. Numerosos eran los hermanos mayores, los hermanos
menores. Reunieron sus existencias. Acrecieron el renombre de cada uno de los
jefes. Verdaderamente preciosa, verdaderamente grande, [era] la potencia de los
jefes; el respeto hacia los jefes creció, y su gloria nació por los hijos, la
prole, cuando se multiplicaron también los del barranco, los de la ciudad.
Ciertamente, no todas las tribus vinieron a darse así, como cuando durante la
guerra se habían humillado los barrancos, las ciudades, sino que por los jefes
Sabios se ilustraron el jefe Gucumatz, el jefe Cotuha. En verdad, aquel
Gucumatz llegó a ser un jefe Sabio. Una hebdómada para subir al cielo; una
hebdómada caminaba para descender a Xibalbá. Una hebdómada él era serpiente, se
volvía realmente serpiente: una hebdómada se hacía águila, una hebdómada
también jaguar, se volvía verdaderamente la imagen del águila, del jaguar; una
hebdómada aún, sangre coagulada, volviéndose solamente sangre coagulada.
Verdaderamente, la existencia de aquel jefe Sabio espantaba ante su rostro a
todos los jefes. El rumor se divulgó; todos los jefes conocieron la existencia
de aquel jefe Sabio. Tal fue el origen de la grandeza del Quiché cuando el jefe
Gucumatz hizo aquellos signos de su grandeza. Su faz no se perdió en los
corazones de los nietos, de los niños. Él no hizo aquello para que hubiese un
jefe Sabio sino para, por su existencia, hacer someterse a todas las tribus,
para, por sus actos, estar solo a la cabeza de las tribus 148.
Aquellos jefes Sabios llamados Gucumatz [y Cotuha]fueron la cuarta generación
de jefes y verdaderos Consejero. Consejero Lugarteniente. Quedó su posteridad,
su descendencia, que tuvo la fuerza la dominación cuando engendraron hijos que
hicieron mucho. Así fueron engendrados Tepepul, Ztayul, cuyo gobierno fue la
quinta generación: fueron jefes: cada generación de jefes engendró.
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