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POPOL VUH (44)
He aquí ahora los nombres de la sexta generación de jefes, los dos muy grandes
jefes: E-gag-Quicab, nombre de un jefe; Cavizimah, nombre del otro. Quicab,
Cavizimah, hicieron mucho; engrandecieron el Quiché por su existencia
verdaderamente sabia. He aquí la humillación, la destrucción, de los barrancos,
de las ciudades, de las tribus pequeñas, de las tribus grandes, muy cercanas,
entre las cuales estaban antaño la ciudad, la colina, de los Cakchequel, la
Chuvila 149 actual, y la colina de los Rabinal, la Pamaca 150, la
colina de los Caok, la Zaka-baha 151, así como la ciudad de Zakuleu
152, Chuvi-Migina 153, Xelahu 154, Chuva-Tzak 155,
y Tzolohche 156. Quicab los detestaba; hizo la guerra; en verdad, él
humilló, destruyó, los barrancos, las ciudades, de los Rabinal, de los
Cakchequel, de los Zakuleu. Llegó, venció, a todas las tribus. Quicab llevó
lejos sus armas. Cuando una fracción, dos fracciones, no traían el tributo de
todos sus bienes, él humillaba a sus ciudades. Las tribus trajeron el tributo
ante Quicab, Cavizimah. Entraron en servidumbre; fueron desangradas, fueron
asaetadas en los árboles; no tuvieron ya gloria, no tuvieron ya renombre. Tal
fue la destrucción de las ciudades, al instante destruidas sobre la tierra.
Como hiere el relámpago y destruye a la piedra, [Quicab] aterrorizaba de
súbito, sometía a las tribus. Delante de Colché, un montículo de piedras es hoy
la señal de una ciudad; poco falta para que no esté tallada como si él la
hubiera cortado con el hacha; allá, en el valle llamado Petatayub, está visible
ahora; todos los hombres vieron al pasar ese testimonio de la bravura de
Quicab. No se le pudo matar, no se le pudo vencer. Verdaderamente era un Varón;
tomó los tributos de todas las tribus. Cuando, habiendo celebrado consejo,
todos los jefes fueron a fortificar los contornos de los barrancos, los
contornos de las ciudades, él humilló a las ciudades de todas las tribus.
Después salieron los guerreros exploradores, fueron creados los clanes que
debían habitar en las colinas [abandonadas]. "Si la tribu volviera a habitar la
ciudad", decían todos los jefes, uniendo sus Sabidurías. [Los guerreros] iban
entonces a los lugares designados. "Como nuestra muralla, como nuestro clan,
como nuestras empalizadas, nuestras fortalezas, será esto. Que ésta sea nuestra
valentía, nuestra bravura", decían todos los jefes en los lugares indicados,
cada uno para su clan, para combatir a los guerreros [enemigos]. Cuando esto
fue ordenado, fueron a los lugares designados a habitar el país de las tribus;
fueron para esto a aquellas regiones. "No os asustéis si hay guerreros que
marchan contra vosotros para mataros; venid aprisa a decir [me] lo; yo iré y
los mataré", les dijo Quicab cuando dio sus órdenes a todos y al Eminente, al
Hablador de los Hombres. Entonces fueron los arqueros, los honderos, así
llamados; no fueron más que los antepasados, los padres, de todos los hombres
Queche; estaban en cada colina, solamente para guardar las colinas, solamente
para velar sobre las flechas, las hondas, para guardar [las] [contra] la
guerra, cuando fueron. Sin alba diferente, sin dioses diferentes, solamente
para fortificar sus ciudades 157. Entonces todos aquellos
[ocupantes] salieron: Los de Uvila, Los de Chutimal, Zakiya, Xahbaquieh,
Chi-Temah, Vahxalahuh, con los de Cabrakán, Chabicak-Chi-Hunahpu, con Los de
Maká, Los de Xoyabah, Los de Zakcabaha, Los de Zihaya, Los de Migina, Los de
Zelahub, de las llanuras, de los montes; salieron a velar sobre la guerra, a
guardar la tierra adonde iban por [orden de] Quicab, Cavizimah, Consejero,
Consejero Lugarteniente, y del Eminente, el Hablador de los Hombres, los cuatro
jefes. Fueron enviados para velar sobre los guerreros [enemigos] de Quicab.
Cavizimah, nombres de los dos jefes ante los Cavik; de Quemá, nombre del jefe
ante los Niha; de Achaklboy, nombre del jefe ante los Ahau-Quiché. Tales son
los nombres de los jefes que enviaron, que expidieron, cuando sus hijos, su
prole, fueron a las colinas, a cada colina. Primero fueron. [En seguida]
llegaron prisioneros, llegaron cautivos, ante Quicab. Cavizimah el Eminente, el
Hablador de los Hombres. Los arqueros, los honderos, hicieron la guerra,
hirieron prisioneros, hicieron cautivos. Aquellos guardianes llegaron a ser
Varones; su renombre, su memoria, se acrecentaron por los jefes cuando
regresaron a darles lodos sus prisioneros, sus cautivos. En seguida se unieron
los consejos de los jefes: Consejero. Consejero Lugarteniente. Eminente,
Hablador de los Hombres. De allí salió la Decisión de que aconteciere lo que
aconteciere, ellos serían los primeros, sus cargos representarían a los clanes.
"Yo Consejero, yo Consejero Lugarteniente: Consejero es mi dignidad, como tú
Jefe Eminente: la potencia de los Eminentes existirá", dijeron todos los jefes
cuando tomaron su Decisión. Lo mismo hicieron los Tam, los Iloc. De rostros
iguales [fueron] las tres fracciones del Quiché, cuando tomaron posesión,
cuando fueron escogidos, los primeros de sus hijos, de su prole. Tal fue la
Decisión tomada, pero no fue tomada allí, en el Queche. Los nombres subsisten
de las colinas en donde tomaron posesión los primeros de los hijos, de la
prole, estando entonces cada uno en su colina y habiéndose reunido juntos.
Xebalax, Xecamac, [son los ] nombres de las colinas en donde tomaron posesión
en donde llegaron al poder. Esto se hizo en Chulimal. Tales fueron su elección,
su loma de posesión, y la designación de veinte Eminentes, de veinte
Consejeros, por el Consejero, el Consejero Lugarteniente. El Eminente, el
Hablador de los Hombres. Tomaron posesión de su cargo todos los Eminentes,
Consejeros, once Grandes Elegidos. Eminente Jefe, Eminente de los Zakik,
Eminente de los Varones, Consejeros de los Varones, Carpinteros de los Varones,
Cima de los Varones; tales son los nombres [de las dignidades] de Varones que
ellos crearon, que ellos escogieron, que ellos nombraron, en sus bancos, sus
sitiales con respaldo, los primeros de los hijos, de la prole, de los hombres
Quiché, los exploradores, los oidores, los arqueros, los honderos; murallas,
puertas, empalizadas, fortalezas, [hubo] alrededor del Quiché. Lo mismo
hicieron los Tam, los Iloc; los primeros de los hijos, de la prole, que estaban
en cada colina, tomaron posesión, fueron escogidos. Tal fue el origen de los
Eminentes-Consejeros, de las dignidades de cada clan hoy; así fue su aparición
cuando éstas aparecieron por [orden de los] Consejero, Consejero Lugarteniente,
y del Eminente, del Hablador de los Hombres, cuando éstas surgieron.
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